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"[...] la escala cromática desapareció como propósito único: y surgió, en cambio, el deseo de reinterpretar el sentido recóndito de la naturaleza, el valor emocional de las horas, y la función decorativa de los elementos. De ahí los tres grupos en que dividiera la exposición que preparaba. Uno, en que las telas cobran su valor esencial de la armonía cromática; otro, en que los paisajes se suceden como elementos de una vasta decoración de frondas; y el tercero, formado por telas ungidas de emoción y de sentimiento, [...] los cielos más patéticos, [...] y hondos silencios", en "Martín A. Malharro", La Nación, Buenos Aires, 17 de agosto de 1911.