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Los circos funcionaban con instalaciones fijas o estructuras precarias itinerantes y su oferta incluía la presencia de forzudos, malabaristas, lanzadores de cuchillos, entre otros números. El panorama cambia al inicio del Siglo XX cuando se destacan los dramas criollos más que los espectáculos circenses. Sin embargo, en la periferia de la ciudad siguieron funcionando, pensados inclusive, en oposición a la “alta cultura”, como lugar de integración identitaria donde convivían familias de artistas Para más detalles ver Patricia A. Dosio, Modernidad y Vanguardia. Aproximación a la producción de Valentín Thibón de Libian (1910-1930), Buenos Aires, Ediciones Cooperativas, 2004, pp. 61-65.