procedimiento, orinaba sobre sus cuadros –e invitaba a sus amigos a imitarlo– aduciendo que por ese medio obtenía reacciones orgánicas de la materia que la enriquecían con resultados inesperados.
El “objeto artístico” ya en esa época le resultaba poco estimulante. Se interesaba menos por las obras terminadas y definitivas que por el comportamiento del artista dentro de la realidad social. En 1959 preanunció sus “operaciones artísticas” sacando a la calle Florida los cuadros expuestos en la galería Van Riel.
En el Sexto Salón Anual de Arte Nuevo, que se realizó en el Museo Sívori, en septiembre de 1960, Greco presentó un tronco de árbol algo quemado (lo había recogido en la calle) y dos trapos de piso impecables, estirados sobre bastidores. Era evidente que en ese caso la noción de arte devenía en un asunto individual. Era el artista quien creaba su propia noción de objeto de arte. Pero, por sobre todo, era notorio que ya en esta fecha se oponía a toda convención o normas artísticas. Le interesaba la identidad del artista singular, producto de una conciencia individual a ultranza.
En una disertación en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, en 1961, hablando del informalismo dijo:
“No es, como los demás creen, un atentado a la forma, al menos para mí. Esto sería ridículo. Creo en la forma de lo informe. Creo que es una